¿Para qué sirven las artes?


o mejor...
¿Para qué carajo sirven las artes?¿Sirven?¿deben servir?


Así empezó alguna vez un taller de trabajo con un grupo de gente interesante. Si, mi trabajo me permite tener conversaciones como esas. 
Hubo de todo. Como el cuestionamiento a lo impertinente de la pregunta...el arte no puede ser visto como algo que sirva o no.. 
Otros- como yo- tratamos de encontrarle una explicación, un argumento para decir que si, que es obvio que sirven porque necesitamos algo de belleza, porque sin arte los pueblos no tendrían como expresar sus rasgos de identidad, porque necesitamos emocionarnos...


La verdad es que yo no sé para qué sirven, no sé si sirven, lo que si sé es que son importantes.

Crecí en una familia en la que el abuelo pasó por la milicia siendo médico. Suena convencional, pero mi abuelo era lo menos convencional del mundo. Tipo creativo y obstinado, lo que hacía en la medicina era arte. Construía y reconstruía huesos y se ganaba así - además de el sustento para la gran familia- el cariño de todo Quito.  

Mientras no estaba en la clínica o el quirófano, pintaba e inventaba. He visto cuadros de mi abuelo experimentando con todo tipo de materiales, de ideas, de técnicas, de objetos. Son distintos, diversos. A cada obra hay que verle el año en la firma para descubrir más o menos en qué onda estaba, cuál era su inspiración del momento.

Mi abuela era una bomba creativa. A todo le encontraba la buena idea. En la cocina, lejos de las recetas de los libros inventaba, hacía cosas maravillosas, solo dejando que el criterio y la imaginación sigan su curso. Había descubierto como hacer para que las medias no se pierdan en la lavadora, o cómo quitarse una alergia luego de jugar en el jardín echando mano de un poco de azúcar.

Se tomaba la casa entera para crear, pintaba objetos, porcelana, llenaba todo de flores, cosía. Había creado el bello e indescriptible "cuarto de los florines" donde los nietos teníamos permiso de entrar a jugar.  Ahí se fabricaban cometas en verano, regalos para los muchos nietos en navidad, arreglos de flores todo el año, ideas todo el tiempo. 

La mesa del comedor se llenaba con el café de la tarde y conversaciones que contagiaban la emoción sobre las cosas hermosas. Viajes, libros, pinturas, música. En esa mesa es que yo oí por primera vez a alguien leer en voz alta un libro que no sea para niños. Era el primer párrafo de Cien Años de Soledad. Lo siguiente que ocurrió es que salí corriendo a leer el libro.

Creo que lo que logró esta familia es dejarme con la curiosidad por saber qué es eso que se siente por adentro al ver una obra de arte y sembrar en mí la certeza de que la creatividad es una forma de vivir, porque sirve para todo.   Seguramente le pasa lo mismo a esta familia
 llena de médico-artistas, de creativo-publicistas, de músico-carpinteros y generaciones después ya músico-músicos y nada más que artistas formados casi todos desde el cuarto de los florines, desde la sala donde el piano y la guitarra no pararon de sonar toda nuestra niñez.

Mis experiencias frente al arte han sido emocionantes, seguramente ese entorno en mi crianza me preparó para verlo sin miedo. 

Pero estoy segura de que todas las personas, si se permiten esa oportunidad, si se liberan de los límites absurdos, pueden emocionarse con las artes, pueden encontrarse con un espacio en su mundo interior que no conocían y sentirse diferentes y libres por un momento. Creo que para eso sirven.



Comentarios

  1. Bello texto, morena. Recoge la esencia de lo que ha sido la vida en una familia signada por la creatividad, la curiosidad, las ganas de experimentar, cierto desenfado, cierto desenfreno, mucha irreverencia. Gracias por recordarlo.

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