Arte y cosas raras

Hace unas semanas, mientras estaba en Copenhague buscando alguna actividad nueva para hacer, encontré una propuesta interesante y rara, por decir lo menos. Como es una ciudad que cada vez conozco mejor, ya los museos y espacios culturales grandes y conocidos no eran la primera opción, por lo que quise hacer algo nuevo y que difícilmente ocurriría en Madrid.

Lo que encontré, sucedía en un lugar llamado Cisternerne. En español se traduce literalmente "Las cisternas". Efectivamente eran los depósitos de agua que construyó la ciudad en el siglo XIX durante una epidemia de cólera y se mantuvieron hasta los años 30.  El lugar ahora es un espacio ideal para muestras de arte contemporáneo porque ofrece una arquitectura muy especial y una atmósfera que te envuelve entre historia, frío, estalactitas y arcos espectaculares de ladrillo.

La exposición que anunciaban era "Seven deaths" de Marina Abramović, propuesta que también juntaba dos rarezas del arte contemporáneo. Artista de performance y el temido tema de la muerte - no una - sino siete veces.  Como era de esperarse, las opciones de ir acompañada se iban reduciendo.

Para completar esta experiencia subterránea, se trataba de una instalación cinematográfica en la que Marina (sí, ahora ya le trato por su nombre, como amigas) interpretaba siete roles femeninos relevantes de la ópera con arias interpretadas por María Callas. Para sumarle razones para ver, la interpretación la hacía con el actor Willem Dafoe.

Mi amiga Annette se animó a ir conmigo. La experiencia del recorrido por las siete pantallas - las siete muertes - nos dejó sin palabras primero y con un poco de frío, pero luego nos envolvió en la conversación. Annete me preguntó si pienso con frecuencia en la muerte y eso nos llevó después ha hablar de la belleza, el fuego, las mujeres poderosas y más. Ha pasado casi un mes y yo solo pienso en cuánto más quiero saber de arte contemporáneo, en lo maravilloso de las ideas, la imaginación y los humanos como Marina.


Después de ver esta instalación me puse a pensar en como las cosas "raras" del arte intimidan. Las personas capaces de materializar sus ideas incomodan y mientras más lo hacen, más se habla de ellas. He vuelto a los museos pero mi mirada trae nuevas preguntas. He pensado en "La fuente" de Duchamp - ese urinario común y corriente solo firmado con un seudónimo-, que creó para probar cosas a manera de ironía pero con una idea profunda y muy seria: En el mundo del arte, lo importante no es el medio sino la idea. Esa idea que puede hacerse realidad de muchas maneras distintas.

Activar la curiosidad era justo lo que necesitaba.

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