Un viaje de libro

En este mismo blog comparto aquellos encuentros que resultan fuertes, poderosos, que golpean para provocar una reacción.  Generalmente recurro a escribir en este espacio cuando esos encuentros me dejan sin habla y no puedo más que sacarlos de mí a algún espacio aunque sea virtual.  Esos encuentros, que cambian todo, también pueden ser viajes maravillosos que provocan cambios interiores que transforman intensamente.
Surgió de un interés por conocer espacios comunitarios de trabajo y contactar con ellos directamente, oír de viva voz todo aquello que había sido contado por intermediarios.  Coincidió, con un momento de mi vida en el que he estado preocupada por la actitud de otros, por mi imagen frente a algunos, por el qué dirán por ahí.
Este encuentro, tuvo como primer resultado, el bofetón de realidad que obliga a sacarse de la cabeza la estupidez de estar preocupada por superficialidades.

Salí de casa al amanecer.  Un día con lluvia y nubes.
Llegué puntual al sitio de encuentro. Un café para el frío y partimos de viaje. La conversación fluye, el grupo es inteligente y entretenido, pero llega el momento en que la pachamama se roba el espectáculo con sus imponentes formas.  Es inevitable guardar silencio para que las montañas nos acompañen por un rato.

Llegamos a la oficina, recibimos información, consejos para la seguridad, chaleco, conversación, foto, otro café, allullas, queso de hoja.

Seguimos el viaje en grupo, esta vez, naturaleza adentro, entre el viento frío de páramo.  Llegamos a la escuela.  Conocemos a esta mujer que no necesita de nada más que su alegría y entusiasmo para llevar adelante una metodología creativa e innovadora para educar a cuarenta y cinco guaguas de la comunidad. 
Matemáticas sembrando chochos, ciencias observando semillas, lenguaje jugando inventos.
Una mujer de la que habrá que escribir su historia de vida.  Nosotros ahí, con las rayban y las botas timberland, tuiteando la experiencia. Solo nos faltaba andar en bermudas y chanclas con la cámara colgada.   Nos bajaron de la nube para llevarnos a comer habitas, agua de panela.  A jugar con los guaguas que tienen los cachetes rojos y quemados por el clima, la sonrisa brillante, las lecciones de vida para compartir. A seguir el viaje.

Una hora y media más de conversación, silencio, naturaleza.  
Las carreteras de la revolución ciudadana en medio del páramo, en medio de la nada, las máquinas, los tractores, los trabajadores haciendo obras donde las comunidades viven bajo su propia lógica. Nosotros, de visitantes extraños, buscando una experiencia que nos reafirme en el camino.  Otra escuela, esta vez vacía, nos esperaba para conocer espacios de compartir en esta realidad tan dispersa.

Ideas que fueron y volvieron en la charla con los amigos en los viajes de ida y vuelta. Un espíritu descolocado y vuelto a poner en el mismo cuerpo para ver las cosas desde otra perspectiva, ideas, muchas ideas para emprender salieron.  
Es que hay encuentros que son maravillosos. Hoy este viaje me recordó que hay formas de escapar que no solo están en los libros.






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